lunes, 20 de febrero de 2017

Amazonas (Brasil)

A catorce veces el territorio de España equivale la extensión de la cuenca de un río que a veces alcanza de una a otra orilla treinta kilómetros de anchura. Su caudal medio es diez veces superior al del Mississippi. Este monstruo húmedo, entumecido y solitario, que se derrama en la selva virgen, ¿es un río o un brazo de mar? 

En el año 1500, el navegante español Vicente Yáñez Pinzón avistó por primera vez las bocas del Amazonas. En 1541, su compatriota Orellana tomó el camino del río para introducirse en la impenetrable selva o mata brasileña. Orellana descubrió tribus de indios de largos cabellos a quienes tomó por guerreras salvajes y llamó amazonas, como en la leyenda de la antigüedad: de este modo, la desconocida corriente quedó bautizada para la posteridad. En 1637, el portugués Pedro Texeira remontó el río y abrió el camino a una civilización con frecuencia nefasta para los pueblos indios. Desde entonces, el Amazonas, vital arteria de la vasta región que lleva su nombre, fue conocido por el mundo europeo y provocó el estupor de los hidrólogos que se dedicaron a su estudio. Su longitud (6500 km) clasifica al Amazonas en el segundo lugar de los ríos del orbe después del Nilo; las dimensiones de su cuenca (5'000,000 de km2 en Obidos y 7'000,000 en su desembocadura) representan unas 14 veces la superficie de España; su caudal medio anual es indudablemente el mayor del mundo (de 160,000 a 190,000 m3/s, es decir, cuatro veces el del Congo y diez veces el del Mississippi). 

Río Amazonas, Brasil
Bajo un cielo de finos celajes y amplios horizontes, el Amazonas,
ancho como un brazo de mar, discurre hacia oriente, reflejando en sus aguas
las frondosidades del "infierno verde". Rio y selva sobrecogen
por su silencio y su inmensidad. 
Nacido del encuentro, más arriba de Iquitos, de dos corrientes peruanas, el Ucayali y el Marañón, el Amazonas sigue un trazado oeste-este en dirección al Atlántico, drenando una cuenca comprendida casi toda entre 5° de latitud norte y 10° de latitud sur. Entre los gigantes del planeta, el Amazonas es un río intertropical típico, cuya cuenca tiene la homogeneidad física de una vasta hondonada invadida por la selva virgen, el infierno verde brasileño. Esta selva y el río al que acompaña estrechamente constituyen los dos rasgos geográficos esenciales de la Amazonia, en la cual reina un calor constante (de 26 a 28 °C) con variaciones térmicas débiles y regulares. La constancia del clima ecuatorial se debe, entre otras causas, a las abundantes precipitaciones. En todas partes los días lluviosos superan la media de 200 al año; caen 2173 mm en Manaus, en el interior de la cuenca, y 2804 mm en Belem, en la desembocadura. Las diferencias son más sensibles con relación a los regímenes temporales de lluvias; la cuenca interior está sometida al régimen ecuatorial, con una homogeneidad relativa en las precipitaciones mensuales; la mitad oriental sufre el régimen tropical, con una verdadera temporada seca de julio a septiembre. 

El Amazonas y sus afluentes obedecen a los ritmos temporales. El estudio hidrológico de la red amazónica comenzó con la toma del nivel de las aguas en determinadas estaciones (llevadas al mapa). De hecho, hasta 1963, el caudal fue subestimado, y cuando al fin se midió provocó asombro... Dicha medición constituye una fase memorable de la historia del Amazonas, porque los problemas que plantea un río de tales características son fáciles de imaginar. El punto elegido por el profesor brasileño Higard O'Reilly Sternberg y los hidrólogos de la Geological Survey se estableció en Obidos, donde el río mide 2300 m de anchura, alcanza de 50 a 60 m de profundidad, con dos depresiones de 90 m, y fluye a la velocidad de 1.5 a 1.9 m/s (más rápidamente que el Sena en París o el Danubio en Budapest en gran crecida). La medición con carrete de caña de pesca (lastrado con una masa metálica de 136 kg) se efectuó desde el Mearim, una corbeta de la marina. La primera medición fue de 216.000 m3/s en julio de 1963; en noviembre, otras mediciones obtuvieron la cifra hipotética de las aguas bajas (72,000 m3/s); en función de la altura alcanzada en 1953, se valora el caudal de crecida en 350,000 m3/s. El Amazonas, colosal realidad geográfica, drena del 15 al 20 % de las aguas fluviales de la tierra. 

El régimen del río es regular de un año a otro, pero no es moderado de una estación a otra. El Amazonas experimenta enormes crecidas debido a la sobreabundancia de las lluvias, que pueden alcanzar 1,600 mm en cuatro meses, y a la posible unión de las aguas altas de los afluentes. A lo largo de su recorrido, el Amazonas refleja las diversas diferencias climáticas, aún débiles, que se suceden en su cuenca. Así pues, los afluentes meridionales (Juruá, Madeira, Tapajós, Xingu) siguen un régimen tropical austral, con una temporada de aguas altas de febrero a abril y otra de aguas bajas de agosto a octubre; los afluentes septentrionales, de régimen tropical norte (río Negro), tienen un máximo prematuro en junio y un mínimo en noviembre-diciembre. El Amazonas, en Manaus, observa un régimen idéntico al del río Negro; en Obidos, prepondera la característica tropical sur, que se mantiene hasta la enorme desembocadura conocida como las bocas del Amazonas. 

¿Río o brazo de mar? Algunos tramos del recorrido suscitan la duda. En la frontera del Perú su anchura ya es de 3 km y en Belem se extiende hasta 30 km después de haberse estrechado en Obidos (1.9 km), donde se hallan próximos los zócalos brasileño y guayano. Río arriba de este estrechamiento, existen profundidades de 130 m, aunque la media oscila entre 30 y 80 m; los barcos de gran tonelaje pueden navegar hasta Manaus, situado a 1200 km del océano Atlántico. La inclinación es débil (20 mm/km), y el Amazonas, en la mayor parte de su recorrido, se extiende y se divide en una red de brazos menores, o paranás; alimenta los lagos de la zona inundada, o varzeas; se insinúa en la exuberante vegetación de la selva-galería que se alarga entre los brazos; y se hace acompañar por la selva inundada, de especies anfibias (selva igapó). Las frondosidades más altas (de 30 a 40 m) se concentran más lejos del río, en las tierras firmes, nunca inundadas. 

Las aguas se llaman "negras" cuando son claras; proceden de los afluentes mínimos (igarapés) de las tierras firmes alejadas del río. Las aguas son "blancas", es decir, cenagosas, en el río mismo y en los paranás de la varzea, rica en castaños del Brasil y en heveas. La selva constituye todavía la gran riqueza de la Amazonia, de la cual el río Amazonas fue y sigue siendo el eje de comunicación —fácilmente navegable hasta Iquitos—, así como lugar de asentamiento de los grupos humanos que jalonan sus orillas (densidad de la Amazonia: 1 hab/km2). 

En todo tiempo, los numerosos brazos de la red amazónica fueron surcados por embarcaciones indígenas dedicadas a la pesca; en el siglo XVII navegaban también las chatas canoas de remos (montarlas) del recolector de castañas (castanheiro) y de látex (seringueiro), que se abrían paso a través de la vegetación flotante (campo). Con el inicio de la colonización aparecieron embarcaciones más voluminosas: la galeota con caseta para el timón, los barcos de vapor, entre ellos la gaiola y el vaticanos con sus dos chimeneas y su resplandeciente iluminación nocturna. Estos barcos transportan a pequeños comerciantes (regataos o buhoneros) que ofrecen su pacotilla y alcohol en lo más profundo de la selva, después de surcar los igarapés hasta los más pobres campamentos de indios o de recolectores (barracas). Actualmente se dedican también al servicio de un turismo incipiente, a partir de Manaus. 

En esta capital de 90,000 habitantes, conviven indios, recolectores de látex que acuden a este importante mercado y admiradores incondicionales de esta región salvaje. A lo largo del río, algunas iniciativas de cultivo del yute han surgido en la varzea, mientras que las plantaciones de maíz, tabaco y cacao se refugian en las tierras firmes y alrededor de Belem. El Amazonas y sus márgenes aún siguen siendo una de las zonas donde la naturaleza se halla casi intacta, ¿pero por cuánto tiempo?

jueves, 16 de febrero de 2017

Alpes Apuanos (Italia)

Las "nieves eternas" sorprenden al viajero cuando descubre el relieve nervioso de los Alpes Apuanos, que se diferencia del sombrío macizo de los Apeninos. Es el mármol blanco de Carrara, que hace de una montaña de aspecto inaccesible una de las canteras más frecuentadas y famosas del mundo. 

Situados al noroeste de Toscana, entre el río Serchio, el río Magra y su afluente el Aulella, los Alpes Apuanos ofrecen sus flancos de mármol al sol de Carrara. Deben el nombre a su carácter alpino, aunque se hallan lejos de los Alpes propiamente dichos. Desde la Versilia, en la llanura litoral del mar Tirreno, se obtiene la más impresionante panorámica de los Alpes Apuanos. A las masas oscuras del Apenino sucede aquí una montaña alta, de laderas empinadas y cumbres agudas, que se eleva repentinamente a casi 2000 m de altitud, a tan sólo unos kilómetros del mar. Esta montaña es singularmente desnuda y blanca: no sólo las cimas están constituidas por paredes de albos mármoles, sino que las laderas aparecen también recubiertas en muchas zonas de nobles residuos de las canteras. Los turistas se preguntan si se trata de nieve, por el aspecto que ofrecen desde lejos los enormes escombros de cantera lentamente acumulados a lo largo de los siglos. 

El vigoroso y escarpado relieve de los Alpes Apuanos se explica por su formación geológica. Están constituidos por un basamento de rocas esquistosas blandas coronadas por gruesas capas de mármol y otras calizas de la era secundaria. Concurren todas las condiciones para la existencia de una fuerte erosión: el núcleo de la montaña está constituido por esquistos blandos; la elevación ha sido muy pronunciada; la proximidad del mar no sólo es causa directa de erosión, sino también de precipitaciones abundantes, tanto actualmente como durante el último período del Würm, cuando los valles quedaron cubiertos por glaciares que dejaron morrenas. Los anticlinales de mármoles fueron por consiguiente erosionados; sólo restan los sinclinales duros, que constituyen las cumbres. Es en éstas donde se hallan las canteras de mármol. 

Campo Cecina (Alpes Apuanos)
Campo Cecina. En las laderas de los Alpes Apuanos se abren las amplias
brechas  de las canteras de mármol, que resplandecen como nieve
sobre el verde oscuro del monte bajo.
Resulta que esta montaña de apariencia impenetrable es de fácil acceso para las vías de tránsito rodado que llegan hasta las canteras de las cimas, procedentes de todas las ciudades del contorno: Carrara, Massa y Seravezza por la zona de Versilia, y Castelnuovo di Gaifagnana al este. Tras las carreteras, la ruta prosigue por altos senderos hasta los refugios del Club Alpino. Desde estas cumbres los Alpes Apuanos se manifiestan en toda su belleza. 

Su carácter alpino radica no sólo en el audaz relieve, sino también en el escalonamiento de la flora. Si el tiempo lo permite, se puede también atravesar todo el macizo hasta Garfagnana, al este, y contemplar la curiosa Grotta del Vento (la "Gruta del Viento"), en Fornovolasco. En la gruesa masa de los mármoles se han abierto cavidades kársticas. La diferencia de temperatura entre los orificios situados en las dos vertientes opuestas provoca la corriente de aire a la que debe el nombre. 

Especial objeto de interés es el trabajo en las canteras. Algunos faldones montañosos se atacan con dinamita. Los canteros desprenden en el tajo enormes bloques, que a continuación se bajan a los aserraderos de los valles para ser divididos. El mármol se desgasta con arena: largos cables de acero que giran sobre poleas frotan arena y agua, y excavan ranuras en el bloque. Desde los romanos hasta nuestros días, este mármol ha adornado los palacios. 
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